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Isabel Oliver González

Poemas • Isabel Oliver González

Isabel Oliver González ver currículum »
Presidente del Ateneo Blasco Ibáñez

ALEJANDRINOS A LA VIDA

II Premio de Baños de Montemayor, Cáceres 2011

Princesa en la galaxia del planeta azulado.
Movimiento ondulante, ojo del tiempo antiguo.
Chispa etérea del agua. Eléctrica molécula.
Alquimia de la síntesis preñando los océanos.

La luz inventó guiños con parpadeos de plata.
Jugó el viento contigo a transportar tu sino
abriendo las fronteras a tu alada gestancia
y la sed se volvió agridulce y pagana.

El tiempo más remoto dejo crecer su barba.
Bebió la saciedad del moho averdinado.
La savia de la hierba acunó lo incipiente
y el calor amarillo acarició la escarcha.

Te despertó el relámpago sacudiendo tu oído
y fue tu primer nota de agreste pentagrama,
de cerco a la paciencia en la escala de sombras
que inventó nuevas notas de creciente sonido.

La espuma en las cascadas dosificó su infancia.
Aleteó el batirse del ave sobre el aire.
Su grito eclosionado descabalgó a la niebla,
reiterativo trueque de invisible abundancia.

Delirante el suspiro que te atrapó en la brisa.
Con las manos abiertas refulgió tu destino,
multiplicó el gateo, el reptar y el alzarse.
La tristísima lluvia derramó su sonrisa.

Del inhóspito suelo mamó el clavel su sangre.
Recitó el arco iris su primer soliloquio
que engalanó laderas, enraizó los ribazos,
dislocando el secreto del color vocerante.

Cantaron los olores, los sabores danzaron
en el vaivén agreste de inflamado reguero
y tú, VIDA, seguiste tu exponente porfía.
Tu odisea de péndulo no mereció descanso.

© Isabel Oliver
II Premio de Baños de Montemayor, Cáceres 2011
http://sindicatoescritores.blogspot.com/2011/10/poema-de-isabel-oliver.html

Foto de II Premio de Poesía, Baños de Montemayor, Cáceres. 2011

HOMENAJE A RUSADIR

II Premio Casa de Melilla 2011

Quiero trovar, a la usanza
vieja de los trovadores,
unos versos mal rimados
y ofrecerlos como flores.

Como flores de homenaje
a ti, donde nunca estuve.
A ti, de quien solo oigo
gallardías y virtudes.

Dicen de ti que a las piedras
de todos tus monumentos
se les desprende la gloria
al pasear entre ellos.

Que tu belleza es tan mora
y cristiana al mismo tiempo,
que a embajadora de mieles
de oriente huele tu aliento.

Dicen que hechizas el aire
con tu embrujo de ojos negros,
que tus palmeras tan altas
son escaleras al cielo.

Cielo donde las estrellas
derraman magia de plata
para tender a la luna
un tobogán hasta el agua.

Rusadir: fenicia, púnica,
al-andalusí y romana,
tantas veces sometida
cuantas veces levantada.

Hoy, tu bandera de cielo
ondea mirando a España
porque española es tu tierra
y la gente que te ama.

La que nacida a tu amparo
convive con otras razas
compartiendo con sosiego
trabajo, mesa y estancia.

Melilla, rincón de Europa
que el Mediterráneo abraza
nombrándote predilecta
hija de sus gobernanzas.

La que se cubre de historia,
la que tiene como alhaja
morar otro continente
engrandeciendo así España.

Que se cuadre un regimiento
de trompetas muy sonoras
y anuncie a los cuatro vientos
tu valía, mi señora.

Señora con señorío
de los pies a la cabeza.
Eres el frasco pequeño
donde se guarda la esencia.

Esencia que has derramado
perfumando de grandeza
el estuche de tu historia
de triunfos y de tragedias.

Rusadir: la más bonita.
La más gallarda y galana.
La que se asoma al balcón
de poniente, enamorada.

La que da un beso a la noche
meciéndose ilusionada
en el faro de su puerto
reflejado sobre el agua.

Perla enrocada en dos mundos
que con bravura resistes
el envite de otros vientos
que reclaman tus raíces.

Déjame, Melilla noble,
besar tu huella salada
para que mis labios sorban
tu saber ser tan preciada.

© Isabel Oliver González. 27-03-2011
II Premio Casa de Melilla 2011

II Premio de Poesía 2011 a Isabel Oliver González en la Casa de Melilla

D. QUIJOTE O LA INMORTAL LOCURA

En un lugar por todos recordado
vives sin mancha la inmortal ventura
de ser tu mismo, sin las ataduras
en el orden social recomendado.

Por encima del sueño, la locura,
fluyendo a borbotón  enajenada,
te hace encontrar la forma modelada
que quieres dar a tu batalla última.

¡Oh, Caballero Andante enamorado,
Fiel y platónica persiste tu quimera¡
Que con la Historia desafío has logrado
y conseguido que en ella hoy se lea,
donde antes era Aldonza, Dulcinea.

En gracia y en belleza has elevado
a la señora de tus pensamientos.
Tan servil grado de afán has alcanzado,
que ante sus plantas mandas conquistados
a magos, a gigantes y hechizados.

Furiosamente alzaste tu hidalguía
contra gigantes vestidos de molino:
tu espada defendió con valentía
 a la verdad fatal en tu camino.

Enebro y aire lamieron tus heridas.
La noche errante te dio a beber su brisa.
Y acariciaste la dicha de ser grande
por desfacer entuertos a porfía.

Después de cuatro siglos aún cabalgas.
Eres el oropel de estanterías.
Como un devocionario del ateo,
redentor de la inculta eufonía.

En este desconcierto que es la vida,
donde reina en desierto la esperanza,
bueno es tener un rasgo de locura
y ser un D. Quijote aún con mancha.

© Isabel Oliver González

EL ORDEN GEOLÓGICO DE LA VIDA

(PRIMER PREMIO MATILDE LLORIA, 2007)
El primer soneto explica la formación de la tierra y la aparición del agua. El segundo la aparición de los animales y la vegetación.
El tercero y cuarto la aparición del hombre y la progresiva decadencia a que es sometida la Naturaleza,
hasta llegar a un punto donde sólo ya le cabe pedir perdón y resignarse a desaparecer

I

Al principio eras nada, polvo apenas,
flotando en universo silencioso.
El tiempo te arropó en abrazo ocioso,
paciente seductor de lunas llenas.

De orden cronológico te plenas
y la fertilidad, nombre precioso,
va gestando en tu vientre su grandioso
milagro de verdor que hay en tus venas.

El aire se quedó a vivir contigo.
Con su respiración besó tus pechos.
De tu explosión de vida él fue testigo.

Has abierto tus ojos parturientos.
La sed que moja y sacia se ha crecido
manando de tus centros satisfechos.

II

¡Joven amanecer de la alegría!
De verde intenso y blanco congelado;
de rojo fuego y techo azul poblado,
en noches claras de brillo y armonía.

De brava mar salada, que en porfía,
al sibilar del viento se ha aliado.
A cascadas y ríos ha llamado
a orquestar en su orilla poesía.

Tu olor de tierra es de flores preñadas.
La luz dorada ha besado tu frente:
¡ Ya han madurado tus frutas tempranas!

Trinan las aves sobre verde en celo.
Hay un jolgorio en el aire latente,
y el arco iris se mece en tu cielo.

III

En tu baño turquesa sumergida
sientes pasar al tiempo lentamente
y alcanzas mayoría concluyente
con la especie pensante aparecida.

Yo arrasé tu verdor hasta la herida.
Oro y piedras preciosas, brutalmente,
dejaste arrebatarte dócilmente
mientras llamé progreso a tu caída.

Es cierto que en un tiempo ya lejano
cultivé el esplendor de las culturas
y conviví en la paz de tu hermosura.

Mas, hoy que todo tengo ya inventado,
mi sed de más no conoce ataduras
y caigo al precipicio por mi mano.

IV

Si giras, Madre Tierra, suspendida
en la bóveda azul del infinito
custodiando la vida, ¿por qué evito
tu desgarrada voz casi abatida?

¿Por qué hundo mi brazo hasta la herida
de tu vientre fecundo, hoy marchito,
por el servil propósito de un rito
sin ver de mi codicia la medida?

Extinguí a las especies de los mares,
agoté el agua, dejé libre al fuego.
A todo medio ambiente di pesares.

Tras esta reflexión muy tarde llego:
tu agonía es mi tumba, y con certeza,
llamarme HUMANIDAD mi gran vileza.

© Isabel Oliver González

HEPTASÍLABOS TRISTES PARA UNA NIÑA MENDIGA

¡Pobre niña mendiga!
Pobre como la nada.
El futuro te mira
y huye despavorido.
Tus manos extendidas
atrapan el vacío.
Piensas que el sentimiento
es el dolor que cabe
en una caja rota
donde se guarda el alma.
Reina niña mendiga
rata de estercolero
viviendo en la inmundicia.
No sabes que la música
vibra con siete  notas
y teje un canto inmenso.
No sabes que le bastan
sólo veintiocho letras
a la sabiduría
para crecer en páginas
llenas de pensamiento.
Sí sabes que los años,
que con trabajo cumples,
-porque te lo contaron-
sólo son accidente.
Se le escapó a tu madre
sin poder retenerlo
el último suspiro
al querer asfixiarte
apretando las piernas
aquel día en el parto,
al propagar el círculo
solemne hacia la huída.
Te has quedado sin besos;
sin oír  el latido
del corazón materno
al acercar la boca
buscando el alimento.
Te has quedado sin nanas.
No tienes el recuerdo
de una canción de cuna
donde ha bailado el sueño.
Cuando un día una rata
te trasmita la rabia
nadie te echará en falta.
No estás en los registros.
Ni siquiera eres número
en la sala de espera
de algún ambulatorio.
Así te he visto hoy
cuando el telediario
habló de tu tragedia.
Con tus ojos de súplica
e infantil inocencia
me pides ese tanto
por ciento que me sobra.
Piensas que curará
tu sed y hambre antiguas
de tierra desnutrida.
Llorando con tus lágrimas
resbalo por tu mano
tendida sin caricias.
La infancia se ha quedado
a vivir en tus ojos:
no quiere abandonarlos
sin cobrar el tributo
de los momentos cálidos.
Ellos te pertenecen
como el circo al payaso.
Como la risa limpia
al juego con muñecas.
Como el sueño a los párpados.
Es mejor que no veas
mi mundo de egoísmo.
Que no huelas siquiera
mi cuerno de abundancia.
Tú estás acostumbrada
a la humedad verdosa
de la fría mañana.
A perseguir al pájaro
que ha caído del nido.
A atrapar cucarachas.
A guardar lagartijas
dentro de una botella.
A despeñarla hiriente.
A mirar como rueda
mientras se va quebrando
 con chasquidos de muerte.
¡Son tan crueles tus juegos!
Y tu supervivencia
conoce fantasías
de olor a pegamento.
No sé qué cara tienes.
¡Estás tan alejada!
No veo en mi horizonte
tu triste tercer mundo.
Ya me he acostumbrado
a ser mero expectante
ante el dolor ajeno.
Tú que tienes la fuerza
 de despertar conciencias
dame de tu riqueza
hoy que pobre me siento.

© Isabel Oliver González
DEL LIBRO VEINTE AÑOS DE POESIA

Ateneo Blasco Ibáñez Valencia España
CA multimedia